lunes, 8 de noviembre de 2010

Nota de actualidad



La dermatóloga me da miedo. Empezando por la mirada, me dice cosas del orden “yo te quiero sacar todo” cuando se refiere a las impurezas de la piel. Hoy supe lo que cuentan los que cuentan: que de chica tragó ácido y que desde entonces la voz le quedó así. Sin embargo, no se trata de la voz. No, claro.

[...]

Siendo chica intenté –también- tomar clases de patín. El día que decidí dejar, cuando subí al auto de mi mamá, sabía que se venía lo de siempre. Al rumor del motor del 3CV sobrepuse mi voz con la esperanza de poder improvisar una explicación brillante. Lo que salió fue, por decir algo, inoportuno: “no voy a seguir, mamá, porque una chica me mira”. Con el tiempo, y con muchas otras cosas, pude leer: “si una mujer me mira, yo no puedo patinar”. Lindo hubiera sido que en ese mismo instante también dejara de tartamudear. Pero esa es una historia de-dde algo que-que no-no-no pa-pa-pa-pasó.

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