lunes, 5 de septiembre de 2011

Farotaxia: a algunos lugares no se llega por azar.

 
                           ROPA TENDIDA 2. Óleo sobre cartón.
                           Sebastián GARRETÓN.

 

[ 2011 ] Septiembre, día cuatro.



No hace falta demasiada inventiva para ver ahí una gran pecera. A nadie se le ocurrió decirlo, pero basta con entrar para que la idea a uno se le cruce. La llave la tiene la encargada de la limpieza y para cuando ella llega, ellas –que parecían víctimas desventuradas de ese calabozo- ya no están. Eso a mí me parece profético. Corren la suerte que cualquier vecino quisiera tener: adivinan su llegada. El reclamo respecto de los insólitos horarios de la encargada es recurrente. Parece que “no saber cuando vendrá” complica bastante las cosas, sobre todo con el sodero que ancla su camioneta-naranja en la puerta y pasa largas horas de espera.  

Me da asco -no sé bien cómo explicarlo- pero si paso, miro. Esta semana tuve que pasar porque se me cayó una funda al patio de la señora del primero. El día que le dejé la notita debajo de la puerta vi tres, pero el sábado había solo una y tenía en la pata un anillo de metal.

Todas las veces hice eso, pero a la señora no le caen simpáticas ni mis notas –que son simpáticas- ni mis preguntas. La primera vez fue una media, y ella la tiró al patio del edificio. La siguiente no recuerdo bien qué fue, pero era algo que me importaba más. A la tercera no me devolvió “mi guante de limpieza” y desde entonces no consigo perdonarla. La venganza le cae en migas y son las migas de mi mantel. Aunque... hace un tiempo empezó a importarme y me las arreglo para darle rienda en otra parte.

Este sábado cuando bajé me devolvió lo propio y llegó conmigo hasta el ascensor. Me comenta que está preocupada por esa paloma que quedó encerrada el el patio-de-aire. Le parece que no puede volar pero no sabe decirme por qué. Es una paloma mensajera, le digo, y no parece estar lastimada. Ahora su rostro está iluminado: sólo ella vive en la planta baja. “¿Qué dirá?” me pregunta con una pregunta. Sabe que a mí ni se me ocurriría ver qué dice la chapita, pero a ella sí, y me lo dice.

[ La saludo y marco el nueve ]

La próxima vez que  a
                                  l

                                   g  
                                  o
                                    se me caiga, después de dejar una nota en su puerta, le podré contar que la paloma venía de San Pedro*. Quizás con eso llegue alguna reverberancia: un perfume cítrico, alguna historia de amor.


* 632.781 “La viajera Sampedrina” Fuente: Matrículas de palomas mensajeras del año 2010. Federación Colombófila de Argentina.


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