viernes, 13 de mayo de 2011



A los ruidos de “cosa accidentada” le siguió el piano de “La canción de todo va mal”. Afuera demuelen la casa de enfrente, pero todavía no lo sé. Alguna vez, allí, yo jugué un sueño. No recuerdo las facciones del encargado, pero sí el reflejo impávido de los azulejos de la casa de arriba, el balcón, la baranda y el aire enamorado de los que de allí salían creyendo.

[ “Va a llover” ]  Decido no cargar el mueble por la dudas de no sé qué.

Pronto estoy bajando: ¿habrá algún otro palo borracho que haya descendido nueve pisos en ascensor?

[ “De suerte que entramos” ] De suerte me decidí.  La tristeza de dejar ir palos borrachos es una tristeza de lo más extraña. 
 
Mi vecino también se fue y se llevó su bicicleta. El pasillo -de pronto- parece una extensión desolada. En un viernes trece, ni siquiera las agencias de lotería tienen suerte.

[ “¿Lloverá? ” ] Ojalá hoy salga mi número. 

 




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